sábado, 18 de junio de 2011

¡FELICIDADES, PAPA!

   Amor de padre, que todo lo demás es aire, dice un refrán que con sabiduría popular eleva a omnipotente el sentimiento del hombre a quien debemos la vida y tanto más. Apenas recién nacidos apretamos su inmensa mano para pedirle amparo, en la niñez reclamamos su compañía, su consejo en la adolescencia, respaldo en la juventud y reflexión en la adultez, y siempre, siempre, su amor constante y fiel a pesar de los errores.
   Para ellos, la paternidad es en realidad mucho más que un sentimiento, porque incluye la responsabilidad de conducir al hijo. Para ello luchan cada día, y no es tarea menor consolidar la familia, tallarla como un duro diamante que fortalezca e irradie luz.
   Su mejor momento es cuando llega a ser amigo de sus hijos, se desvanece el temor a la autoridad y continúa el respeto. Su mejor legado es un poco de su tiempo cada día, y comprender que aunque los hijos abandonan un día la infancia, ellos nunca dejarán esa excelsa condición que es la paternidad.
   El tercer domingo de junio convoca al homenaje, y ninguna imagen mejor para regalarle que el recuerdo de todos los días en que, después de la jornada de trabajo, nos abrazó y se volvió niño para jugar con nosotros y remontarnos juntos hacia la fantasía y la absoluta felicidad.

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