sábado, 23 de julio de 2011

De fiesta el Día de los Niños

   El parque Watkin, de la ciudad matancera, fue el escenario en el que los niños celebraron su día. Payasos, juegos infantiles, disfraces, sorpresas, música, bailes y opciones gastronómicas se unieron en una jornada para recordar. 
   Muy cerca, los animales del lugar llamaron como siempre la atención de los infantes, y la presencia del elenco del programa Barquito de papel, con su payasita Maravilla, brindó a cada pequeño la posibilidad de disfrutar plenamente de este momento.

Por los Cinco

   Llega un nuevo verano, y con él la sonrisa de los niños. De ilusiones y colores dibujan las calles. Van de la mano de familiares y amigos a realizar sus sueños en castillos de arena, carruseles de colores o museos. Contagian su alegría al celebrar el curso transcurrido. Muchos padres se esfuerzan por premiarlos con unos meses llenos de días especiales.
   Pero para algunos, como Laurita y Lizbeth Labañino o Ivette González, hijas de Ramon y René, los paseos o días inolvidables se han tornado difíciles, y entre ellos se interponen inmerecidos barrotes oxidados.
   Por el momento estas princesitas reciben cartas llenas de cuentos, poesías, consejos y amor de unos padres que las llevan de la mano a recónditos sitios llenos de fantasías. Para ellas reservan  sus más hermosos pensamientos y les muestran que ninguna tierra es tan lejana, ningún obstáculo tan grande, ni ningún sueño imposible.
Girasol de oro, de amarillos rizos,
tulipán hermoso de azabache ondeado,
lindas florecillas vienen con su hechizo
a alegrar de amor mi corazón hinchado.
Y aunque  el destino cruel, su nube negra posa
para romper la paz de mi jardín florido,
se le impondrá a los vientos, madurando airosa,
mi amorosa siembra sobre tallo erguido.
   Para estos hombres es absurdo que alguien sea capaz de arrancarles la esperanza. Ramón no ha dejado de empinar sus anhelos cual papalotes, similares a los que disfrutaba en su infancia, y a René nadie le impedirá elevar entre las nubes, como los aviones, sus propósitos de paz.
   Así esperan ansiosos poder regalar muy pronto a sus hijas las vacaciones que merecen. Mientras tanto las pintan en sus cartas, que cual palomas mensajeras vienen a convertirse en las de todos los niños cubanos que también los esperan.

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