domingo, 4 de agosto de 2013

Sin avaricia

   Entre tus amiguitos, de seguro hay alguno que quiere tenerlo todo y nunca está conforme. De él vamos a hablar, y de cómo tenemos que estar atentos para no caer en ese defecto.
   Todos conocemos a personas ostentosas, esas que tratan de lucir por encima de los demás, de resaltar, y se sienten superiores.
   Ese fenómeno puede apreciarse en todo el mundo, y generalmente es más evidente en quienes tienen menor nivel de instrucción, y son menos capaces de distinguir lo correcto de lo incorrecto. 
   Pensadores de la antigüedad afirmaban que la bebida apaga la sed y la comida satisface el hambre, pero el oro no apaga jamás la avaricia. Y aseveraban que al pobre le faltan muchas cosas, y al avaro, todas.
   Es como un pozo sin fondo, que agota a la persona en un esfuerzo interminable por satisfacer sus necesidades, sin llegar nunca a conseguirlo.   
   Lo peor es que expulsa en muchas ocasiones al amor, porque tiende a arrebatar lo suyo a los demás y nunca consigue calmarse: después de comer tiene más hambre, y mientras más tiene, más quiere.
   Cuídate de estos defectos, y piensa que la avaricia, en una palabra, lo pierde todo por quererlo todo.

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