GIRÓN: UNA VICTORIA CUBANA

   En Cuba, el 16 de abril es el Día del Miliciano. Nosotros no habíamos nacido, pero en 1961 fueron derrotados quienes intentaron invadir nuestro país, precisamente por el sur de nuestra provincia de Matanzas.

   La agresión fue por Playa Girón. Pero antes, el 15 de abril, hubo un ataque aéreo norteamericano sobre varios aeropuertos, y el 17 un grupo de mercenarios desembarcó en el sur de Matanzas, por Playa Girón.

   Fueron días de intenso combate, y participaron muchos jóvenes de apenas 16 ó 17 años. En menos de 72 horas fueron derrotados los invasores, y por eso el día 19 fue declarado el Día de la Victoria.

   En cuanto a los mercenarios capturados, debes saber que fueron cambiados por compotas para los niños cubanos. ¿Sabes que decían los mercenarios cuando los milicianos los capturaban? Pues que eran cocineros. Cuando declaraban en el juicio, mentían y afirmaban que ninguno había sido soldado ni disparado: todos habían venido de cocineros. Claro que nadie les creyó, y al final Cuba le dijo a Estados Unidos que si querían que los liberaran, que mandaran compotas.

   Nuestra historia tiene muchas anécdotas interesantes, y algunas hasta graciosas. Pero mira qué triste: en ese ataque cayeron muchos jóvenes. Por eso hoy Notitín quiere rendirles homenaje.

   Quiero enseñarte además un bello poema que escribió Jesús Orta Ruiz, quien firmaba como Indio Naborí, sobre una niña que nació en la Ciénaga de Zapata, y que sufrió la caída de su madre y otros familiares durante la agresión.

ELEGIA DE LOS
ZAPATICOS BLANCOS

Vengo de allá de la ciénaga,
del redimido pantano.

Traigo un manojo de anécdotas
profundas, que se me entraron
por el tronco de la sangre
hasta la raíz del llanto.
Oídme la historia triste
de los zapaticos blancos...

Nemesia -flor carbonera-
creció con los pies descalzos.
¡Hasta rompía las piedras
con las piedras de sus callos!
Pero siempre tuvo el sueño
de unos zapaticos blancos.
Ya los creía imposibles.
¡Los veía tan lejanos!
Como aquel lucero azul
que en el crepúsculo vago
abría su flor celeste
sobre el dolor del pantano.
Un día, llegó a la ciénaga
algo nuevo, inesperado,
algo que llevó la luz
a los viejos bosques náufragos.
Era la Revolución,
era el sol de Fidel Castro,
era el camino triunfante
sobre el infierno de fango.
Eran las cooperativas
del carbón y del pescado.
Un asombro de monedas
en las carboneras manos,
en las manos pescadoras,
en todas, todas las manos.
Alba de letras y números
sobre el carbón despuntando.
Una mañana...¡Qué gloria!
Nemesia salió cantando.
Llevaba en sus pies el triunfo
de sus zapaticos blancos.
Era la blanca derrota
de un pretérito descalzo.
¡Qué linda estaba el domingo
Nemesia con sus zapatos!
Pero el lunes... ¡despertó
bajo cien truenos de espanto!
Sobre su casa guajira
volaban furiosos pájaros.
Eran los aviones yanquis,
eran buitres mercenarios.
Nemesia vio caer muerta
a su madre. Vio
sangrando a sus hermanitos.
Vio un huracán de disparos
agujereando los lirios
de sus zapaticos blancos.
Gritaba trágicamente:
¡Malditos los mercenarios!
¡Ay, mis hermanos! ¡Ay, madre!
¡Ay, mis zapaticos blancos!
Acaso el monstruo se dijo:
Si las madres están dando
hijos libres y valientes,
que mueran bajo el espanto
de mis bombas. ¡Quién ha visto
carboneros con zapatos!
Pero Nemesia no llora.
Sabe que los milicianos
rompieron a los traidores
que a su madre asesinaron.
Sabe que nada en el mundo
--ni yanquis ni mercenarios-
apagarán en la patria
este sol que está brillando,
para que todas las niñas
¡tengan zapaticos blancos!